No sé cuánto tiempo estuvimos allí, solo sé que cada segundo fortalecía nuestro lazo. Abrazados, dejamos que las lágrimas fluyeran, mientras las palabras de consuelo y recuerdos nos envolvían. Nash, mi hermano, mi amigo, se convirtió en mi pilar, dándome fuerzas para seguir adelante.
Al final, se apartó ligeramente, clavando sus ojos en los míos con una mirada serena. Con voz firme, me aseguró que superaríamos la adversidad juntos, que la alegría volvería a nuestras vidas. Su sonrisa sincera fu