Tras un profundo sueño, finalmente recuperé la consciencia en mi habitación, como era de costumbre. Con lentitud, me deshice de las cobijas y me encaminé hacia el baño para realizar mi rutina matutina. Sin embargo, al enfrentarme al espejo, una visión sorprendente aguardaba mi reflejo. Mi rostro, por alguna inexplicable razón, estaba cubierto de marcas y cicatrices que jamás antes había visto. Un escalofrío recorrió mi espalda, llenándome de confusión.
— ¿Qué me ha pasado? — me dije alarmada — ¿