Mientras caminaba de regreso a mi escritorio, no podía evitar preguntarme para qué me había interrumpido por semejante tontería. ¿De verdad necesitaba llamarme solo para decirme eso? Su supuesta amabilidad y preocupación me daban mala espina; algo no cuadraba. Me asaltaba la duda sobre qué estaba tramando esta vez.
Decidí dejar esos pensamientos de lado y concentrarme en mi trabajo. No podía permitirme distracciones, especialmente con ella vigilando cada uno de mis movimientos como un halcón. A