Mateo salió del ascensor con su andar característico, una mezcla de elegancia despreocupada y confianza que hacía que incluso un pasillo de hospital pareciera su pasarela personal. Se dirigió directamente a la suite privada de Valeria, pero se detuvo antes de entrar. Sacó su teléfono y marcó un número.
Dentro de la habitación, el teléfono de Adrián vibró. Al ver el nombre, se disculpó con una sonrisa tensa hacia Valeria y salió al pasillo.
—¿Ya tienes algo? —preguntó Adrián en cuanto vio a su a