—¿Val? —la voz de Karla, preocupada, la trajo de vuelta al presente—. ¿Estás bien? Te quedaste tiesa.
—Sí —logró decir, con una voz que no reconocía como propia—. Solo... solo recordaba…
El silencio en la habitación era ahora distinto. Ya no era cómodo, sino cargado. Karla seguía mirándola, su expresión de felicidad inicial dando paso a una confusión preocupada.
—¿Recordabas? —preguntó Karla, su voz más suave—. Parecía que veías un fantasma.
Valeria cerró los ojos con fuerza, como si pudiera b