El timbre de la mansión Han sonó con una resonancia grave y familiar que a Carmen Méndez le trajo un torrente de recuerdos. Ajustó sus gafas de sol y se enderezó el conjunto de chaqueta y falda en tonos marrón pastel, sintiendo una mezcla de anticipación y una punzada de antigua intimidación.
La puerta de roble macizo se abrió para revelar a la Señora Ahn, tan impasible y eficiente como Carmen la recordaba. El tiempo parecía no haberla tocado.
—Señora Méndez —saludó con una inclinación de cabez