La reunión no terminó.
Se disolvió. Valeria lo notó cuando la gente empezó a levantarse sin una señal clara, cuando las conversaciones se fragmentaron en pares y tríos, cuando nadie buscó un cierre definitivo porque, en el fondo, todos sabían que no lo había. Lo que habían hecho no era resolver un problema, sino aprender a quedarse dentro de él sin romperse.
El espacio volvió a llenarse de pequeños sonidos: una silla arrastrándose, una risa breve y cansada, el golpeteo irregular de unos dedos c