Anastasia estaba sentada en el suelo, con las piernas cruzadas y el maquillaje corrido mostrando pequeños caminos agrietados por las lágrimas. Su espalda estaba recostada contra la fría pared de la celda, a pesar de que tenía una cama pegada a la pared para sentarse.
—¡Oye, niña! —escuchó un golpe metálico que la asustó causando un espasmo involuntario en el cuerpo.
Cuando levantó la cabeza, encontró a una mujer de mediana edad, rubia, con uniforme color azul, el color típico que representaba a