La puerta de la sala de reuniones se abrió justo cuando Alexander se inclinaba hacia mí para hablarme al oído.
—Sigues conteniendo la respiración cuando me acerco —murmuró, con esa maldita seguridad que siempre conseguía sacarme de quicio.
Estaba a punto de empujarlo cuando escuché la puerta y giré la cabeza.
Christopher permanecía en el umbral con una mano todavía sobre la manija. Su mirada pasó lentamente de mi rostro al de Alexander y después descendió hasta la escasa distancia que separaba