ZOE
Dos días después de preguntarle a Alexander por qué le temblaba la voz cuando decía que me odiaba, descubrí su respuesta.
Una mujer.
Y no cualquier mujer.
Alexander entró en la fiesta con una morena espectacular del brazo, enfundada en un vestido dorado que parecía haber sido diseñado directamente sobre su cuerpo. Era alta, elegante y tenía esa clase de belleza que conseguía que varias personas se giraran cuando atravesaba una habitación.
Yo también me giré.
Por curiosidad.
Nada más.
—No ap