ZOE
Christopher tardó unos segundos en responder.
Su mano seguía apoyada sobre mi cintura mientras Alexander esperaba frente a nosotros con la suya extendida hacia mí, como si acabara de hacer la petición más inocente del mundo.
Los tres sabíamos que no lo era.
Negarse habría dejado demasiado claro que Christopher se sentía amenazado por su hermano. Aceptar significaba entregarle exactamente lo que Alexander quería: unos minutos conmigo.
Christopher me miró antes de tomar una decisión.
—Por sup