La reunión del lunes por la mañana llevaba exactamente doce minutos cuando Eleanor decidió arruinarme el resto de la semana.
—El sábado tendremos una recepción en la mansión —anunció desde la cabecera de la mesa, con la misma naturalidad con la que otra persona habría informado que pedirían café—. Clientes, socios, algunos miembros del consejo y prensa seleccionada. Quiero que estén todos.
Levanté la mirada de mi tableta.
Todos.
Una palabra pequeña con consecuencias enormes.
A mi derecha, Chris