Zoé
En cuanto vi la sombra imponente de Alexander recortándose contra las estanterías de metal, me tragué el nudo de la garganta de golpe. Ni muerta me iba a quedar tirada en el suelo como una víctima para inflarle más el ego.
Me puse de pie de un solo movimiento, apoyando la espalda recta contra los archivadores de metal. Me pasé los dedos por las mejillas con un gesto rápido y brusco, limpiándome cualquier rastro de humedad, y le clavé una mirada que bien pudo haberle prendido fuego a su