Mundo ficciónIniciar sesión—Seduce a Diablo o muere— Con mi vida ya hecha pedazos, esto era lo último que necesitaba: la guinda del pastel. Tenía una sola misión: infiltrarme en la casa de Diablo, seducirlo y conseguir suficiente información para destruirlo. Fácil. Hasta que probé el peligro en carne propia. Una sola probada y ya no quería marcharme. Me descubrí deseando al mismo hombre al que se suponía que debía destruir. Esteban era un demonio durante el día, pero por las noches, en la cama, era todo un caballero. Sabía exactamente cómo hacerme olvidar por qué estaba allí. Pero incluso el diablo tiene fantasmas que nunca desaparecen: una mujer, el motivo que alimenta su sed de venganza. ¿Alguna vez sería capaz de dejarla atrás? Cuando la pasión entre nosotros se convierte en algo que ya no podemos combatir ni negar, ¿será solo una aventura o algo más?
Leer másCAITLIN La mirada del Diablo era intensa. Su aliento quemaba contra mi piel. Sus manos me recorrían por completo, sintiéndome como si intentara determinar si yo era real. Por un momento empecé a creer todo lo que Caspian había dicho, excepto que el Diablo me había llamado Laura. ¿Por qué?De pronto, se apartó. Sus ojos lucían más oscuros que en todo el resto de la noche. Les ordenó a todos que salieran de la habitación. Tomando eso como mi oportunidad para escapar, obligué a mis piernas de trapo a moverse.—Tú no. ¿A dónde crees que vas, Caitlin?¿Por qué yo no? Obviamente no podía preguntárselo. Mantuve la cabeza gacha, retorciendo la tela de mi vestido de manera ausente. Había algo en la forma en que pronunciaba mi nombre… la manera en que rodaba por su lengua. El aura que emanaba hacía que el aire se sintiera denso. Casi no podía respirar. Los rumores no estaban equivocados: ni siquiera tenía que esforzarse para hacer que quisieras orinarte encima del miedo.—Ven aquí —su voz fue
ESTEBANDe alguna manera, mis pies se movieron antes de que pudiera darme cuenta. Sostuve su rostro entre mis manos, temeroso de que desapareciera en la nada. Pero ella estaba justo ahí, con el miedo reflejado en sus ojos y las lágrimas amenazando con caer. Estaba temblando.—¿Laura?Fui incapaz de reconocer mi propia voz.—Diablo, por favor… —susurró ella, cerrando los ojos mientras una lágrima rodaba libremente.Estaba aterrada. La estreché contra mí, rodeando su cintura con mis brazos. Olía a bayas dulces, lavanda y un toque de vainilla, todo fusionado en un aroma embriagador. Se sentía tan bien, tan real, y sin embargo tan equivocado. La Laura que yo conocía no temblaría al verme. Me sonreiría y me llamaría Etsy, como siempre lo hacía mientras yo hacía todo lo posible por alejarla. La Laura que yo conocía murió. Yo mismo la enterré.Sabía que no podía ser mi Laura, pero aun así me permití albergar una esperanza. Deslicé mis dedos por el costado de su rostro hasta su cuello, buscan
CAITLINDe pie frente al espejo, el reflejo que me devolvía la mirada parecía el de una persona diferente. Me veía hermosa… me sentía hermosa. Por una vez no me preocupé por mi peso. El vestido se amoldaba a mis curvas de una manera espectacular, ni demasiado ajustado ni suelto. Revelaba tanto escote que estuve a punto de pedir un chal.—¡Caitlin! —llamó mi captor con impaciencia, irrumpiendo en la habitación.Su rostro se suavizó.—Preciosa. Te ves impactante, Caitlin —girándose hacia la maquilladora, la miró fijamente durante un breve instante—: Te lo dije, menos es más.Una extraña sensación de calidez me recorrió por dentro. Estaba literalmente secuestrada y amenazada para hacer todo esto, pero de alguna manera, ahí estaba yo, sonriendo ante su cumplido. Aun así, de no ser por él, probablemente estaría en las calles de Los Ángeles. Aquí estaba, en Sinaloa, a miles de kilómetros de Los Ángeles, recibiendo un trato de princesa… aunque no gratis.—Póntelo.Me entregó una caja azul. A
ESTEBANSentado al otro lado de la habitación, con un whisky en la mano, observo a mi madre atentar contra la paciencia de Eliana con sus atenciones. Eliana, sin embargo, parecía estar hasta la coronilla de los cuidados policíacos tanto de mi madre como de Scott. Había algo diferente en Memo —Scott, como prefería que le dijeran—, diferente en el buen sentido.—Ambos saben que estoy bien, ¿verdad? —dijo ella, soltando un gran bostezo—. Lo siento…Se levantó de un salto del sofá, fijando la mirada en las paredes. Parecía complacida, intrigada por los diseños.—¡Oye, fortachón! —llamó.Poniéndome una sonrisa en el rostro, me encontré con su mirada.—¿Sí?—No me dijiste que te gustaba el arte. Tu casa es hermosa.Me encogí de hombros ante el cumplido.—No creo que mi primo esté de acuerdo —dije, fijando la vista en Scott mientras dibujaba una sonrisa burlona—. ¿O sí?Él ni me dedicó una mirada, y mucho menos una respuesta. No podía culparlo. Si por él fuera, no estarían aquí. Por eso tuve





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