Gabriela se alarmó, temiendo que él hubiera recibido un disparo.
Inmediatamente revisó la parte posterior de su cuello.
Rodrigo frunció ligeramente el ceño y dijo: —No es nada.
Gabriela encontró su herida.
¡Parecía que había sido golpeado por un fragmento de vidrio cuando una bala rompió el parabrisas!
Un pedazo de vidrio en forma de triángulo, con el extremo afilado, se había incrustado en su carne.
Solo mirarlo dolía.
Como médica, había visto todo tipo de heridas y siempre había podido manejar