Siguieron caminando sin rumbo fijo, dejando atrás la Plaza Santa Catarina y adentrándose en las calles empedradas de Coyoacán. Las jacarandas estaban en plena floración: un techo violeta denso y luminoso que se extendía sobre ellos como un cielo invertido, casi irreal. El aroma dulce de los pétalos caídos se mezclaba con el olor a tierra húmeda y al pan recién horneado que escapaba de alguna panadería cercana. Todo parecía suspendido en un instante de gracia.
Edith habló entonces de lo que aún n