Capítulo 16 • Jacarandas en flor y en llamas
Octubre de 2002. Puebla amanecía envuelta en una luz pálida que se filtraba entre las cortinas como un reproche silencioso. Edith Gutiérrez se sentó a la mesa de la cocina, el sobre abierto frente a ella como una herida que aún sangraba. La carta que había escrito en Monterrey —palabras afiladas, veneno destilado gota a gota en tinta— ya viajaba hacia Daniel junto con el anillo de boda que ella misma había arrancado de su dedo en un arrebato de rabia que ahora le parecía ajeno, casi ridículo. Ca