Una ola de remordimiento me invade. Amelia tenía razón, me había comportado pésimamente. Me había olvidado de su presencia por completo mientras bailaba con Tom. Había centrado toda mi atención en él, descuidando a todo lo demás.
Salgo del baño y observo la mesa Voelklein a lo lejos. Para mi sorpresa, todos están disfrutando de una animada conversación, riendo y brindando como si estuvieran celebrando en el festín de los dioses del Olimpo.
Los comensales en la mesa Voelklein parecen haber emerg