A veces el calor de un abrazo tapa las heridas que te puede causar la otra persona.
Tom y yo no éramos nada, ni siquiera conocidos. Él no conocía mis mierdas ni yo las suyas. Había sido calentura del momento.
Pero por más que se había disculpado conmigo por lo que me soltó la otra vez en mi sala, cuando se me apareció en medio de la noche en esta en un intento de intimidarme porque había amenazado a su madre…yo sentí como sus palabras se clavaron en mi, abrieron una herida que aún seguía latien