—Bueno, eres valiente y puedes tú solita con Perséfone, adiós—se despide Mattia y antes de que pueda reclamarle ya se ha metido entre los invitados, dirigiéndose a su mesa.
Mierda.
Dios, me dejó sola en este instante crucial. Siento una mezcla de emociones abrumadoras, entre la desolación y la rabia que bullen en mi interior. Mi mirada busca desesperada un refugio en este lugar abarrotado, evitando a toda costa sentarme en esa mesa que ahora parece un abismo.
Todos parecen haberse percatado de