Dianco De Luca se quedó mirando a Rita, su rostro estaba pálido como la cera mientras trataba de asimilar la bomba que acababa de lanzarle.
Una hija, una hija con Rita, la mujer que había destrozado su corazón tantos años atrás.
—No... —sacudió la cabeza, negándose a creerlo— no es posible —volvió a negarlo —estás mintiendo, ¡Tratando de engañarme otra vez!
Rita soltó una risa sin humor, sus ojos ámbar brillaban con una mezcla de triunfo y resentimiento, definitivamente estaba disfrutando de a