Marcus respiraba agitadamente, como si en su interior se hubiera formado una tormenta de furia apenas contenida, sus profundos y oscuros ojos azules se clavaron sobre Maya y Dan con una intensidad abrasadora, en dos zancadas, estuvo frente a ellos, en el ambiente se podía sentir una gran tensión.
—Marcus, no es lo que parece... —dijo Dan, pero antes de que pudiera terminar, Marcus lo agarró por las solapas de la camisa y lo acercó a su rostro hasta que estuvieron nariz con nariz.
—Escúchame bie