Sus ojos rojos e hinchados comenzaron a cerrarse por el agotamiento, el llanto y las emociones tan intensas la habían dejado exhausta.
Las siguientes horas transcurrieron en una bruma irreal para Maya, simplemente se dejó arrastrar por el sopor reconfortante del sueño que había reclamado su conciencia.
Cuando al fin despertó, la noche había caído sobre la villa y las luces tenues del exterior apenas se filtraban por los pesados cortinajes de su habitación.
— ¿Qué...? — musitó aturdida, tratan