El helicóptero aterrizó en la pista del hospital del puerto más cercano con un estruendo ensordecedor. Dianco De Luca saltó del aparato antes de que las aspas dejaran de girar, cargando el cuerpo inconsciente y ensangrentado de Maya en sus brazos. El miedo y la desesperación se reflejaban en cada línea de su rostro mientras corría hacia la entrada de emergencias.
— ¡Ayuda! ¡Necesito ayuda inmediatamente! — gritó Dianco, su voz ronca por la angustia — ¡Mi hija ha sido herida de bala!
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