Marcus regresó a la villa siciliana con una determinación férrea en su mirada. A pesar del amor que aún sentía por Maya, su orgullo herido era demasiado grande como para perdonarla. Se dirigió directamente a la sala de reuniones, donde sus hombres más leales lo esperaban.
El ambiente estaba cargado de tensión cuando Marcus entró. Todos podían sentir la ira que emanaba de su jefe. Se paró frente a ellos, sus ojos recorrieron cada rostro antes de hablar.
— Caballeros — comenzó Marcus, su voz fría