La mañana siguiente al regreso de Marcus a la villa siciliana amaneció con un sol brillante que contrastaba cruelmente con su estado de ánimo. Se despertó en su despacho, rodeado de botellas vacías, con un dolor de cabeza punzante y un sabor amargo en la boca que iba más allá de la resaca.
Gruñendo, se levantó del sillón donde había pasado la noche y se dirigió tambaleante hacia la terraza. Necesitaba aire fresco y, más urgentemente, su desayuno especial para la resaca que la cocinera siempre l