Por la madrugada, Marcus se escabulló sigilosamente dentro de la habitación nupcial, encontrando a una frustrada Miranda dormida entre las sábanas de seda.
Marcus había pasado la noche en vela, dentro de su despacho para evitar consumar el matrimonio. La idea de compartir la cama con su nueva esposa le provocaba una profunda aversión.
Y no porque la chica fuera fea, al contrario, era muy bella, pero algo atolondrada y demasiado mimada, su carácter y actitud era lo que Marcus no soportaba.
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