La noche devoró el bosque, trayendo consigo un silencio inquietante.
Después de horas corriendo, el grupo finalmente se detuvo a orillas de un lago cristalino. La respiración de Collin seguía agitada cuando Liam se inclinó, permitiéndole deslizarse de su espalda. Su cuerpo protestó ante el movimiento brusco, pero el dolor en el brazo ya no era tan intenso. La herida se estaba cerrando con rapidez... demasiada rapidez.
A su alrededor, los guerreros se dispersaron, siempre alerta, preparados para