Liam no dijo nada. Simplemente avanzó con pasos firmes hacia la cabaña, como si nada hubiera pasado. Su mirada fría y distante no dejaba lugar a explicaciones, y la forma en que ignoraba las miradas curiosas y preocupadas sólo aumentaba la tensión en el aire.
Tras él, los lupinos recién llegados entraban en la aldea. Sus presencias eran pesadas, cada movimiento meticulosamente calculado. Parecían inspeccionar todo a su alrededor, sus miradas penetrantes analizando cada detalle del territorio qu