Collin se acostó esa noche sin esperar a Liam. Sabía que él estaba ocupado entrenando a sus lupinos, y el ambiente en la aldea cargaba con un peso extraño, el del desastre inminente.
Por más que intentara apartar los pensamientos, su mente no le daba tregua. Tras largos minutos de inquietud, el sueño finalmente llegó.
Y, con él, un sueño.
Estaba en casa. Todo parecía tan real que incluso llegó a percibir el olor familiar de la madera húmeda en el aire. Colen estaba allí, sonriendo con aire burl