Alade encontró a Eric, y pronto los dos comenzaron a caminar lado a lado por las calles de Montaña de Oro. El cielo estaba despejado, el sol derramaba sus rayos dorados sobre los tejados de piedra y los senderos llenos de flores, pero en su pecho, Alade sentía una inquietud que não combinaba con aquel día perfecto.
"Este lugar ha crecido mucho" dijo Eric, rompiendo el silencio con una voz cargada de nostalgia.
"Sí..." murmuró ella, forzando una sonrisa. "Mis padres transformaron esto en una for