La segunda noche durmiendo al lado de Liam fue tan detestable como la primera. El calor que emanaba de él era sofocante, y cada vez que se movía, Collin sentía como si estuviera a punto de ser aplastada por aquel cuerpo enorme.
A la mañana siguiente, cuando despertó, Liam ya estaba de pie, terminando de vestirse. Su porte imponente hacía que la cabaña pareciera más pequeña. Collin se incorporó de golpe en la cama, aún aturdida por el sueño.
“¿A dónde vas?” preguntó, la voz ronca por haberse des