No seguí hundiéndome sin fin.
Le hice un funeral sencillo a mi madre en mi ciudad natal, enterrándola junto a mi padre, que había muerto en batalla.
Fue un momento de paz, sin dramas, ni política, solo amor y recuerdos.
Todos los vecinos fueron increíblemente cálidos y serviciales, ofreciendo su ayuda en asuntos grandes y pequeños; la señora Pérez trajo cazuelas, el señor García ayudó a reparar el escalón roto de la entrada de la casa. Así, toda la comunidad me envolvió como una manta cálida. Po