Gabriel recogió el anillo con dedos temblorosos.
Estaba frío, muy frío.
Su corazón se hundió poco a poco, hasta tocar fondo.
Miró a su alrededor, confundido por las cosas familiares que ahora le parecían extrañas.
Las fotos en las paredes lucían diferentes, en cada imagen yo sonreía, pero al mirar más de cerca, pudo ver la tristeza en mis ojos.
¿Cuándo había dejado de parecer feliz?
¿Cuándo se había apagado la luz de mis ojos?
La tristeza y el miedo lo rodeaban por todas partes.
El anciano alfa