—¿Emerson?
El lycan se puso en marcha y la arrinconó en una de las esquinas de la ducha. Kary jadeó cuando sintió la piel caliente de su alfa y la pared fría en su espalda, dándole una sensación deliciosa entre las temperaturas.
La besó, dándolo todo mientras sus manos descansaban en su cintura y otra en su cabeza, anclándola en el lugar como si temiera que Kary pudiera evitar o rechazar sus labios. Que equivocación, Kary jamás podría rechazarlo, y menos cuando la adoraba tan fervientemente de