Se le hizo un nudo en la garganta, le faltaron las palabras y la invadió un cúmulo de emociones. Kary le acarició lentamente la mejilla. El lycan cerró los ojos con una sonrisa, su mano mucho más grande cubrió la de ella, apretándola contra su cara antes de volver a abrir lentamente los ojos. Ardían con un amor y una ternura infinitos que le dieron un vuelco al corazón.
—Puede que ahora no tenga tanto amor infinito como tú por mí, pero no dudes de que te quiero y te adoro. Ningún hombre ha sido