Con las piernas temblorosas y el estómago contraído por la necesidad mientras se tambaleaba al borde del abismo, Kary estaba a punto de desobedecer la orden de quedarse quieta y frotarse el clítoris para sobrepasar la línea cuando la boca del lobo se cerró una vez más sobre su necesitado núcleo. Estalló como un cohete o más bien como un jodido volcán en erupción. El potente orgasmo que la sacudió la hizo sentir como si una bomba se acabara de detonar en su interior.
Lark continuó lamiendo y chu