87. La voz del Alfa.
El pueblo entero guardó un silencio aterrador después de que el Alfa pronunció aquellas palabras. El anciano del Consejo abrió los ojos, sorprendido, como si de verdad no creyera que su Alfa lo hubiera desterrado de esa forma.
Tal vez no lo había desterrado completamente; no había escuchado aquello en específico que le dijera que tenía que abandonar la manada, pero al menos le había quitado el puesto de anciano del Consejo.
Y mientras yo presionaba un trapo sobre la herida sangrante de Santiago, pensé que era justo, era completamente justo. Su propio Alfa era un lobo de raza superior; los hijos del Alfa eran incluso de segunda generación. ¿Qué tenía en la mente ese anciano del Consejo para pensar que podía flagelar a un lobo por haber hecho algo como aquello? Estaba completamente segura de que los planes de Santiago y su novia no eran exactamente esos, claro que no, pero el anciano se había tomado la terrible libertad de condenarlo de esa forma y ahora pagaba las consecuencias.
No sab