87. La voz del Alfa.
El pueblo entero guardó un silencio aterrador después de que el Alfa pronunció aquellas palabras. El anciano del Consejo abrió los ojos, sorprendido, como si de verdad no creyera que su Alfa lo hubiera desterrado de esa forma.
Tal vez no lo había desterrado completamente; no había escuchado aquello en específico que le dijera que tenía que abandonar la manada, pero al menos le había quitado el puesto de anciano del Consejo.
Y mientras yo presionaba un trapo sobre la herida sangrante de Santiago