82. El transformista.
Al principio, Franco pensó que el dardo estaba lleno de un suero parecido al que le habían aplicado a Maximiliano, algo que inhibiera sus poderes y que lo dejara prácticamente como un humano por algunas horas.
Maximiliano había logrado descomponer el suero en unos cuantos minutos, pero, según lo que le había dicho su propio abuelo, aquel suero le tomaría varias horas a un lobo normal, así que se preparó para eso.
Pero, entre más se acercaba la mujer a él, más comenzaba a sentir un extraño mareo que lo invadía. No podía mover ninguna de sus extremidades. Pronto, ni siquiera se dio cuenta en qué momento se sumió en una absoluta oscuridad.
Intentó abrir los ojos varias veces, pero sus párpados estaban tan pesados… sentía como si no hubiera dormido en toda una vida. Quiso seguir sumido en aquella oscuridad, pero alguien le dio un par de bofetadas para que comenzara a abrir los ojos.
A pesar de la enorme pereza y el cansancio que sentía, comenzó a abrir los párpados con muchísima fuerza.