83. Bienvenido al aquelarre de hielo
La forma en la que el transformista hablaba le ponía los pelos de punta a Franco. Parecía que nada se lo tomaba completamente en serio, ni un carácter que imaginó era todo lo contrario a lo que llegó a suponer que sería un transformista. Era risueño y, al parecer, buena persona.
Cuando salieron de la habitación en la que lo tenían encerrado, Franco descubrió que ni siquiera era una celda; solamente era una habitación cualquiera. Los vampiros con los que se topó por los pasillos eran bastante no