74. Sangre compartida.
Esta vez fue Maximiliano el que apartó la mirada, prácticamente avergonzado. Parecía que estaba cansado, agotado. Ni siquiera sabía qué tanto llevábamos de aquella conversación, pero no era demasiado y, aun así, sentía que llevábamos toda la noche en confesiones incómodas.
— ¿Cómo así que ese hombre es tu hermano? — le pregunté.
Él asintió.
— Lo es, es mi hermano. de padre y madre que no es lo mismo. por eso se parece tanto Axel, porque su tío heredó sus ojos, que eran los ojos del abuelo.
S