75. Pactos en la oscuridad.
La noche había caído con fuerza cuando salimos de la enorme casa de la hacienda. Franco estaba por ahí y, cuando nos vio caminar hacia la pradera, se unió a nosotros.
— ¿Todo está bien? — preguntó.
Yo le conté mi plan superficialmente y el muchacho simplemente se limitó a caminar en silencio un rato, pero cuando estábamos a punto de llegar a las celdas nos detuvo.
— Probablemente no funcione. Si a nuestro Alfa le tomó unos cuantos minutos descomponer ese líquido, ¿qué nos hace pensar siquier