199. El Peso de la Sangre.
Tenía que matarlo. Tenía que matar a mi hermano. ¿Cuántas veces había hecho yo esa maldita afirmación desde que había regresado a mi vida? Pero ahora era real. Ahora era real, porque no tenía otra opción. Si no lo mataba, él me mataría a mí. Estaba perdido, enceguecido por su deseo de poder, y ahora que estaba tan cerca, estaba seguro, no lograría convencerlo de nada. Ahora que estaba tan cerca, él intentaría obtenerlo de la manera que fuera.
Del bolsillo seguía sacando aquellas malditas esfera