198. El Último Segundo
El aire se volvió más espeso, como si no estuviera cayendo a través del aire sino del agua. Un agua espesa y muy fría que me helaba los músculos. Seguía gritando, el ardor en mi garganta por mi voz, la adrenalina que recorría todo mi sistema era embriagadora. Porque sabía que iba a morir. Sabía que aquel golpe en mi pecho me mataría. Mi loba interna estaba muy débil, muy frágil y agotada; no lograría sanar antes de que la hemorragia me matara. Sabía que eso era lo que iba a suceder. Y me pareci