Al escuchar esas palabras, las piernas de Lía temblaron por un instante y su cara perdió todo rastro de color.
Sus ojos se llenaron de lágrimas que se negaba a dejar caer, pero aun así se obligó a sonreír de forma forzada.
Esa expresión no lograba ocultar la amargura y la terquedad que sentía en ese momento.
—Tú también estás de su lado, ¿verdad?
Él la observó fijamente, arrugó la frente con fuerza y guardó silencio.
Celeste curvó los labios apenas un segundo antes de fingir preocupación.
—Tal v