Damián se quedó serio; sus palabras lo hundieron en un silencio prolongado.
¡Pum!
Otro trueno ensordecedor retumbó en el cielo.
Él miró por la ventana con un gesto severo y trató de justificarse:
—Celeste tiene un trauma muy fuerte con las tormentas. Se pone tan mal que le puede dar un ataque y dejar de respirar. Tengo que ir a verla.
Lía soltó una risita burlona.
—Tú no eres doctor, ¿de qué vas a servirle? Si ya le toca, no hay nada que puedas hacer por ella.
Villalobos se quedó pasmado al escu