Doña Petra se quedó pasmada. Desde su perspectiva, ella no estaba diciendo ninguna mentira; para ella, Lía se había desquitado con ella sin motivo alguno. En los últimos años, se había acostumbrado tanto a darle órdenes y a tratarla con actitud de superioridad que no veía nada de malo en su comportamiento.
Sin embargo, al sentirse acorralada por la presencia imponente y la mirada fría de Damián, no tuvo más remedio que forzar su memoria para intentar justificarse.
—¡Ya me acordé! —exclamó con ag