Su voz era suave y melodiosa, pero sus palabras llevaban un veneno que dejó a doña Petra sin habla.
Tras darle la noticia, Lía no se molestó en dedicarle otra mirada; se dio la vuelta para subir a la planta alta. La mujer, sin embargo, la siguió de cerca.
—Señora, yo soy una empleada de toda la vida en esta familia. He trabajado para los Villalobos más tiempo del que usted lleva viva. Además, si estoy aquí es porque la señora Eugenia me pidió que viniera a cuidarlos. Solo porque le digo “señora”