—¡SANTO DIOS! ¡PETER! —gritó Liza en cuanto vio a Soren llegar cubierto de sangre. Corrió hacia él para auxiliarlo, pero él la tomó de los brazos—. ¿Qué pasó? ¿Quién le hizo esto?
—No, tranquila. No es mía —dijo el joven rápidamente.
El jardinero llegó de inmediato y en su mano traía un arma que ocultó tras su espalda cuando vio a Clarisse.
—Señor, ¿está bien? ¿Por qué hay tanta sangre? —preguntó el mayor, preocupado porque lo hayan herido.
—Por favor, guarden la calma los dos —pidió el pelineg