EPÍLOGO
El viento soplaba suavemente entre los jardines del palacio real, haciendo ondear las banderas de Velghary en lo alto de las torres. El cielo estaba despejado, y el sol bañaba la ciudad con su luz dorada, reflejando la calma y la prosperidad que habían florecido en los últimos años. Balar, una vez devastada por el fuego y la guerra, ahora se erguía como un símbolo de renacimiento. Sus calles estaban llenas de vida, sus plazas rebosaban de actividad y sus habitantes, aunque marcados por la histor